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Continuidad y cambio

Parece que, en general, hemos perdido una visión optimista de la historia y del futuro, quizás porque vivimos unos momentos de cambio. Para intentar entender la evolución de las cosas y de la propia historia, se utilizan a menudo los conceptos de continuidad y cambio.
Son conceptos que creo que se explican por sí mismos, aunque no siempre es fácil percibirlos. En una primera fase del cambio se dejan atrás opciones ya conocidas -caducadas- y luego se vislumbran nuevas hitos; es todo un proceso en el que finalmente vemos que se van realizando nuestras ideas o aspiraciones sobre el futuro.
Y hablamos de continuidad cuando afianzan y se consolidan las nuevas realidades. A menudo sucede que, en los primeros momentos de transición -o ruptura-, todo se ve incierto y no se sabe interpretar hacia donde apuntan las nuevas propuestas. Quizás ahora estamos inmersos en este estadio y predomina el pesimismo sin saber ver al mismo tiempo que la preocupación por las cuestiones sociales, culturales, políticas e incluso económicas, en definitiva, el mayor deseo de comprender el mundo que nos rodea, es un signo positivo y de progreso.

Decimos todo esto porque queremos explicar la situación actual de la sociedad catalan. Creemos que los momentos de continuidad y cambio no son excluyentes y que nuestra propuesta actual los contiene ambos. Nos sentimos herederos y queremos continuar la tarea de los que nos han precedido, es decir, haciendo “una completa sociedad de ideas y de cultura” deseando que “por la variedad y la excelencia de la colaboración que reuniera, por la atención dada a todas las manifestaciones interesantes de nuestra vida colectiva, por la representación dentro de ella de todas las tierras de lengua catalana, respondiera incuestionablemente a su nombre: fuera verdaderamente la «sociedad de Cataluña» “; creyendo también que “haciendo bandera del idioma, afirmamos por símbolo y por realidad viva la totalidad de nuestros derechos”, y es que “Siempre, hasta vagamente, instintivamente, sin teorías ni programas, los catalanes hemos querido que Cataluña señoreara y resplandeciera.
Siempre hemos querido mantener que el catalán no es un idioma confinable al orden casero o folclórico, y que le deberán pertenecer la consagración de la cultura y el soleo del poder “.

En definitiva, “sociedad que trate de Cataluña y de todos los Países Catalanes, del pasado, pero, sobre todo, del presente y del futuro, de la política y de la economía, del actual autogobierno y de lo que deberíamos tener . Pero también una sociedad que trate de aquellas cuestiones que interesan a todo el mundo, especialmente en nuestro entorno cultural, de las mismas cuestiones y en todos los campos, como si la sociedad hubiera de ser valorada en París o en Londres, en Nueva York o en Roma, en Berlín o en Madrid […]. Pero, sobre todo, la sociedad debe discurrir por los caminos de la modernidad. Debe evitar perderse en la anécdota, en las cosas accesorias o superficiales, pero también en los excesos trascendentalistas; debe evitar la autocomplacencia y el rebentisme, la pedantería y el casolanisme; no debe predicar sectarismos, pero no a cambio de un abstencionismo sistemático de las cuestiones políticas, sean las que sean.

Continuidad, pues, con estas ideas y propuestas realizadas hasta la fecha. Y cambios sobre todo en el equipo de personas que intentaremos a partir de ahora sacarla adelante con el objetivo de hacer una sociedad de ideas, de reflexión, actual, abierta a nuevos contenidos, pluridisciplinaria. Queremos mirar el mundo e interpretarlo desde Catalunya, es decir, con perspectiva catalana, sin caer en esa falsa dicotomía que opone cosmopolitismo con arraigo en un espacio propio, un espacio que no consideramos ni pequeño ni insignificante.

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